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Historias !

Leyenda del Mohan !


El Poira es el Mohán travieso y enamorado. Les roba la tranquilidad a las jóvenes, las idiotiza, las emboba y las atrae hacia él con artificios. Sus hazañas son muy conocidas y, hasta hace poco tiempo, no se podía poner en duda su existencia ante...Leer más...


Hace muchos, muchos años, un tacaño y pendenciero irlandés, llamado Jack, tuvo la mala fortuna de encontrarse con el diablo enuna taberna, en la Noche...    Leer màs...

La Brujita...

Una de aquellas noches ya muy tarde bajando a una cañada llamada "la cañada de las brujas", caminaba en medio de una claridad fresca pues la luna...    Leer mas...





Origen del Àrbol de Navidad 



El primer árbol de navidad fue decorado con sangre. O al menos esa es una de las leyendas que se tejen en torno a este árbol que todas las navidades es colocado en la mayoría de los hogares de América y Europa. Esta leyenda  menciona...    Leer màs...




Es muy común las leyendas y mitos, sobre todo en los temas de arriería; eventos que transcurrían por los caminos de herradura, o por las calles de pueblos  muy entrada la noche.... Leer màs...




 Encontrándose al borde de la muerte, Alejandro convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos: ... 
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 Un antigûo indio Cherokee dijo a su nieto:" Hijo mio dentro de cada uno de nosotros hay una batalla entre...       Leer màs....





 Sòlo Por Hoy...!!!



 1. Sólo por hoy vivirè exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi...     Leer màs...



El Sabio Rey Salomòn

 Salomónsiendo muy jòven, fue elegido por Dios para gobernar a su pueblo. Salomón notenía muy claro cómo podría gobernar al...    Leer màs...




Es un municipio de Colombia, localizado en la subregión oriente del departamento de Antioquia. limìta por el norte con el municipio de Alejandria, por el este con el municipio de San Rafael, por el sur con los municipios de Granada y...   Leer màs...

En tiempos remotos vivía un rey cuyo palacio estaba rodeado de un hermoso parque, donde crecía un árbol que daba manzanas de oro. A medida que maduraban, las contaban; pero una mañana faltó una. Se dio parte del suceso al Rey, y él ordenò... Leer màs...


 Leyenda de la Madre Monte

Los campesinos y leñadores que la han visto, dicen que es una señora corpulenta, elegante, vestida de hojas frescas y musgo verde, con un sombrero cubierto de hojas y plumas verdes. No se le puede apreciar el rostro porque el sombrero la opaca. Hay mucha gente que conoce sus gritos o bramidos en noches oscuras y de tempestad...Lee màs...

Moisés salvado de las Aguas


Lugar de nacimiento: Gosén
Lugar de la muerte: Monte Nebo, Jordania
Cónyuge: Séfora
Hermanos: Aarón, Míriam
Padres: Lojebed, Amram, Asiya, wife of the Pharaoh, Bithiah
Hijos: Gershom, Eliezer
Según la Biblia, la historia comienza cuando el faraón de Egipto se entera que los hebreos, después llamados israelitas, empiezan a multiplicarse muy rápido por lo que manda a matar a todos los recién nacidos. 
Una madre toma a su bebe y lo pone en una cesta y lo hecha al río Nilo, ese bebe es Moisés y milagrosamente lo encuentran y lo salvan.
La Biblia afirma que Moisés fue rescatado por la hija del Faraón y criado como un príncipe, algo que parece sacado de un cuento de hadas.
Moisés paso de príncipe mimado a criminal perseguido, le esperaba la pena de muerte por matar a un hombre, que torturaba a un esclavo; por lo que huyó de Egipto.
Se dice que Moisés vivió tranquilo durante 60 años como pastor, mas adelante a la edad de 80 años sucedió algo que cambió el rumbo de la historia.
Moisés cuidaba a sus ovejas cuando una se escapó y al seguirla se topó con un arbusto en llamas, la historia cuenta que de entre las llamas salió la voz de Dios, este obligó a Moisés a liberar a su pueblo de Egipto, Moisés intentó convencerlo pero Dios le otorgó poderes especiales.
A partir de ese momento Moisés de 80 años decidió guiar a su pueblo desde Egipto hasta el pueblo prometido. 
Ya que el faraón se negó a liberarlos, Dios por medio de Moisés desató las plagas sobre Egipto para obligar al faraón, el agua se volvió roja en el Nilo, insectos, ranas, ganado muerto, ulceras, langosta, granizo y oscuridad, pero a pesar de todo esto el faraón no quería liberar el pueblo, por lo que Moisés liberó la ultima plaga; la muerte de todos los primogénitos de Egipto, con lo que el faraón perdió su primogénito y así cedió y liberó a su pueblo.


Galería de Fotos






Leyenda del Mohan !


Se le llama, también, el Poira. Es un ser de forma humana, con la cara quemada por el sol, de cabello largo, ojos penetrantes y picarescos. Este personaje es el más legendario, conocido y respetado en el Tolima. Se puede decir que es el personaje más importante en la mitología tolimense.  La gente dice que es un gran perseguidor de mujeres.
El Poira es el Mohán travieso y enamorado. Les roba la tranquilidad a las jóvenes, las idiotiza, las emboba y las atrae hacia él con artificios. Sus hazañas son muy conocidas y, hasta hace poco tiempo, no se podía poner en duda su existencia ante las versiones de los campesinos.
Cuentan que el Mohán vivía en los charcos más profundos y peligrosos de algunos ríos y quebradas donde tenía cuevas o cavernas internas que sólo él conocía y consideraba como propios. Son muchas las muchachas que ha raptado, formando así un sin fin de leyendas a cual más fabulosas, irreales y novelescas.
El Mohán aparece por diferentes ríos y quebradas fumando un grueso tabaco para espantar a los insectos. Encanta y enamora a las mujeres que suelen ir a lavar la ropa a estos lugares para luego llevárselas.

El Patito Feo

En una hermosa mañana primaveral, una hermosa y fuerte pata empollaba sus huevos y mientras lo hacía, pensaba en los hijitos fuertes y preciosos que pronto iba a tener.

De pronto, empezaron a abrirse los cascarones. A cada cabeza que asomaba, el corazón le latía con fuerza. Los patitos empezaron a esponjarse mientras piaban a coro. La madre los miraba eran todos tan hermosos, únicamente habrá uno, el último, que resultaba algo raro, como más gordo y feo que los demás. Poco a poco, los patos fueron creciendo y aprendiendo a buscar entre las hierbas los más gordos gusanos, y a nadar y bucear en el agua. Cada día se les veía más bonitos. Únicamente aquel que nació el último iba cada día más largo de cuello y más gordo de cuerpo.... La madre pata estaba preocupada y triste ya que todo el mundo que pasaba por el lado del pato lo miraba con rareza. Poco a poco el vecindario lo empezó a llamar el patito feo y hasta sus mismos hermanos lo despreciaban porque lo veían diferente a ellos. 

El patito se sentía muy desgraciado y muy sólo y decidió irse de allí. Cuando todos fueron a dormir, él se escondió entre unos juncos, y así emprendió un largo camino hasta que, de pronto, vio un molino y una hermosa joven echando trigo a las gallinas. Él se acercó con recelo y al ver que todos callaban decidió quedarse allí a vivir. Pero al poco tiempo todos empezaron a llamarle patito feo, pato gordo..., e incluso el gallo lo maltrataba. Una noche escuchó a los dueños del molino decir: Ese pato está demasiado gordo; lo vamos a tener que asar. El pato enmudeció de miedo y decidió que esa noche huiría de allí. Durante todo el invierno estuvo deambulando de un sitio para otro sin encontrar donde vivir, ni con quién. Cuando llegó por fin la primavera, el pato salió de su cobijo para pasear. De pronto, vio a unos hermosos cisnes blancos, de cuello largo, y el patito decidió acercarse a ellos. Los cisnes al verlo se alegraron y el pato se quedó un poco asombrado, ya que nadie nunca se había alegrado de verlo. Todos los cisnes lo rodearon y lo aceptaron desde un primer momento. Él no sabía que le estaba pasando: de pronto, miró al agua del lago y fue así como al ver su sombra descubrió que era un precioso cisne más. Desde entonces vivió feliz y muy querido con su nueva familia.

«El patito feo» (título original en danés: «Den grimme ælling») es un cuento clásico-contemporáneo escrito por Hans Christian Andersen sobre un patito ...

EL REY MIDAS (Cuento Mitológico)


Había una vez un rey muy bueno que se llamaba Midas. Sólo que tenía un defecto: que quería tener para él todo el oro del mundo. Un día el rey midas le hizo un favor a un dios.
El dios le dijo:
-Lo que me pidas te concederé.
-Quiero que se convierta en oro todo lo que toque - dijo Midas.
-¡Qué deseo más tanto, Midas! Eso puede traerte problemas, Piénsalo, Midas, piénsalo.
-Eso es lo único que quiero.
-Así sea, pues - dijo el dios.
Y fueron convirtiéndose en oro los vestidos que llevaba Midas, una rama que tocó, las puertas de su casa. Hasta el perro que salió a saludarlo se convirtió en una estatua de oro.
Y Midas comenzó a preocuparse. Lo más grave fue que cuando quiso comer, todos los alimentos se volvieron de oro.
Entonces Midas no aguantó más. Salió corriendo espantado en busca de dios.
-Te lo dije, Midas - dijo el dios-, te lo dije, Pero ahora no puedo librarte del don que te di. Ve al río y métete al agua. Si al salir del río no eres libre, ya no tendrás remedio.
Midas corrió hasta el río y se hundió en sus aguas.
Así estuvo un buen rato. Luego salió con bastante miedo. Las ramas del árbol que tocó adrede, siguieron verdes y frescas. ¡Midas era libre!
Desde entonces el rey vivió en una choza que él mismo construyó en el bosque. Y ahí murió tranquilo como el campesino más humilde.



Un Ángel...



Un niño, próximo a nacer, le dijo a Dios:


-Me vas a enviar a la tierra pero, ¿cómo viviré allá, siendo tan pequeño y tan débil?

-Entre los muchos ángeles escogí a uno que te espera

-le contestó Dios-.

Pero aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír y eso basta para mi felicidad. ¿Podré hacerlo allá?

-Ese ángel te cantará y sonreirá todos los días y te sentirás muy feliz con sus canciones, #Historias y sus sonrisas.

-¿Y cómo entenderé cuando me hablen, si no conozco el extraño idioma de los hombres?

-Ese ángel te hablará y te enseñará las palabras más dulces y más tiernas que escuchan los humanos.

-¿Qué haré cuando quiera hablar contigo?

-Ese ángel juntará sus pequeñas manos y te enseñará a orar.

-He oído que en la Tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?

-Ese #ángel te defenderá, aunque le cueste la vida.

-Pero estaré siempre triste porque no te veré mas, Señor. Sin verte me sentiré muy solo.

-Ese ángel te hablará de mí y te mostrará el camino para volver a mi presencia.

En ese instante, una paz inmensa reinaba en el Cielo. No se escuchaba ninguna voz. El niño dijo suavemente a Dios:

- Dime su nombre, Señor.

Dios le contestó:



-Ese ángel se llama "MAMÁ".

Eres Poderoso !





No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie, porque fundamentalmente tú has hecho tu vida.


Acepta la responsabilidad de edificarte a tí mismo, y el valor de acusarte en el fracaso para volver a empezar otra vez, corrigiéndote.



Nunca te quejes del ambiente ó de quienes te rodean, hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer. Las circunstancias son buenas ó malas según la voluntad ó la fortaleza de tu corazón.



Aprende a convertir toda situación difícil en una arma para luchar.



No te quejes de tu pobreza, de tu soledad ó de tu suerte, enfréntate con valor y acepta que de una u otra manera son el resultado de tus actos, y la prueba que has de ganar.



No te amargues de tu propio fracaso, ni se lo cargues a otro, acéptate ahora ó seguirás justificándote como un niño.



Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar, y que ninguno es tan terrible para claudicar.


Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu dolor, de tu fracaso.

Si tu has sido el ignorante, el irresponsable, tú, únicamente tú, nadie pudo haber sido tú.

No olvides nunca, que la causa de tu presencia es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente.

Aprende de los fuertes, de los valientes, de los audaces, imita a los enérgicos, a los vencedores, a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo.

Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo, y tus problemas sin alimento morirán.

Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande, que es el más grande de los obstáculos.

Mírate en el espejo de ti mismo.

Comienza a ser sincero contigo mismo, reconociéndote por tu valor, por tu voluntad y por tu debilidad para justificarte.

Recuerda que dentro de ti hay una fuerza que todo puede hacerlo; reconociéndote a tí mismo más libre y más fuerte, dejarás de ser un títere de las circunstancias, porque tú mismo eres tu destino.

Levántate y mira por las mañanas, y respira la luz del amanecer.

Tú eres la parte de la fuerza de la vida.

Ahora despierta, camina, lucha.

Decídete de una vez y triunfarás en la vida.


¡NUNCA PIENSES EN LA SUERTE, PORQUE LA SUERTE ES EL PRETEXTO DE LOS FRACASADOS !



Autor : Pablo Neruda. (Texto)

Imágen: Si puedes Soñarlo, Puedes Lograrlo

No quiero Morirme...(Día internacional del Agua 22 de Marzo)




El día esplendoroso…  el  verde de los arboles  palidece…   la brisa acaricia nuestro rostro como un refresco fugaz ante el calor implacable.
El arroyo que desciende de la montaña refresca ligeramente la llanura y mis hijos deciden chapotear y sumergirse en sus recodos.
El susurro de un canto modulado por los golpes suaves del agua contra las rocas y sus barrancos me motivan a buscar una fiel sombra al lado de un pálido arbusto; mientras  José y Miguel bendicen la frescura del arroyo.
Adormitado por el arrullo de aquella melodía comienzo a escuchar el agónico coro que entre otras palabras decía:
-Soy el Agua que te aviva y en cada gota me desangro…solo pido que me cuides para este regalo seguirte dando…
...No quiero morirme como el palpitante corazón, que decrece su ritmo ante el avasallador aumento de la multitud indolente; que lo ahoga mientras sacia su sed bebiendo su ùltima Gota Irònicamente.

                                                                              Autor:  Historiasy

Los Diez Mandamientos de la Mujer !

Los diez Mandamientos de la Mujer, creados por la Mujer.

1. Mi Libertad no se termina cuando me uno a alguien.


2. Como mamá‬ no educo ni machos ni sumisas.



3. Nunca me quedaré callada si algo no me gusta.



4. No aceptaré ningún tipo de violencia en mi contra.

5. Nunca me traicionaré dejando de ser quien soy.

6. Nadie,ni siquiera mi pareja, tocará mi cuerpo‬ si yo no 
quiero.

7. Trabajaré para no depender económicamente de alguien.

8. Las mujeres quedadas no existen, yo decido si casarme o no.

9. No haré sola el trabajo del hogar‬ y eso no me hace ser     mala mujer.

10. No aguantaré a ningún hombre solo para que mis hijos     tengan un padre. 

LA URRACA DISFRAZADA (Leon Tolstoi)

La urraca, viendo con envidia lo bien tratadas que eran las palomas domésticas. Fué, pues, al molino y, en un descuido del molinero, se cubrió de harina, y de un vuelo se presentó en el palomar. 
 

Las palomas, creyéndola de su especie, la recibieron sin recelo. Se sentía feliz. Pero de pronto olvidó su papel y exhaló un graznido. Las palomas consternadas con aquel grito, tan poco semejante a un arrullo (el ruido que hacen las palomas), se lanzaron en grupo contra ella y la echaron de allí a picotazos.
Un tanto corrida, volvió entonces al lado de los suyos. Pero éstos, al verla enharinada, se horrorizaron. Que extraño bicho es este? Fuera de aquí!!! Con un furioso coro de graznidos la expulsaron también.

Se aparece la Virgen de Guadalupe (Ditaires Itagûì)


En el tronco de una palmera se ha visto la imàgen de la Virgen de Guadalupe...barrio Ditaires en Itagûì Antioquia Colombia.
Cuenta una vesina de la cuadra que hablaba con doña Magnolia... "algo me llamava la atenciòn en la palma... muchas veces mirè hasta que vi la diminuta imàgen y le dije: Doña Magnolia "esta es la virgen", desde entonses no paran las peregrinaciones.

Historia de la Virgen de Guadalupe

Un sábado de 1531 a principios de diciembre, un indio llamado Juan Diego, iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la ciudad de México a asistir a sus clases de catecismo y a oír la Santa Misa. Al llegar junto al cerro llamado Tepeyac amanecía y escuchó una voz que lo llamaba por su nombre. 
 
Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido era brillante como el sol, la cual con palabras muy amables y atentas le dijo: "Juanito: el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que me invoquen y en Mí confíen. Ve donde el Señor Obispo y dile que deseo un templo en este llano. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo".

De regresó a su pueblo Juan Diego se encontró de nuevo con la Virgen María y le explicó lo ocurrido. La Virgen le pidió que al día siguiente fuera nuevamente a hablar con el obispo y le repitiera el mensaje. Esta vez el obispo, luego de oir a Juan Diego le dijo que debía ir y decirle a la Señora que le diese alguna señal que probara que era la Madre de Dios y que era su voluntad que se le construyera un templo.
De regreso, Juan Diego halló a María y le narró los hechos. La Virgen le mandó que volviese al día siguiente al mismo lugar pues allí le daría la señal. Al día siguiente Juan Diego no pudo volver al cerro pues su tío Juan Bernardino estaba muy enfermo. La madrugada del 12 de diciembre Juan Diego marchó a toda prisa para conseguir un sacerdote a su tío pues se estaba muriendo. Al llegar al lugar por donde debía encontrarse con la Señora prefirió tomar otro camino para evitarla. De pronto María salió a su encuentro y le preguntó a dónde iba.
 El indio avergonzado le explicó lo que ocurría. La Virgen dijo a Juan Diego que no se preocupara, que su tío no moriría y que ya estaba sano. Entonces el indio le pidió la señal que debía llevar al obispo. María le dijo que subiera a la cumbre del cerro donde halló rosas de Castilla frescas y poniéndose la tilma, cortó cuantas pudo y se las llevó al obispo. Una vez ante Monseñor Zumarraga Juan Diego desplegó su manta, cayeron al suelo las rosas y en la tilma estaba pintada con lo que hoy se conoce como la imagen de la Virgen de Guadalupe. Viendo esto, el obispo llevó la imagen santa a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar que había señalado el indio.
Pio X la proclamó como "Patrona de toda la América Latina", Pio XI de todas las "Américas", Pio XII la llamó "Emperatriz de las Américas" y Juan XXIII "La Misionera Celeste del Nuevo Mundo" y "la Madre de las Américas".
La imagen de la Virgen de Guadalupe se venera en México con grandísima devoción, y los milagros obtenidos por los que rezan a la Virgen de Guadalupe son extraordinarios.

Sabias que...



Sabias que durante un perìodo de  100 años, una molècula de Agua pasa 98 años en el ocèano, 20 meses en forma de hielo, 2 semanas en lagos y rìos y aproximadamente 5 dias en la atmòsfera ?
El asunto es...
Què hacemos para que dure màs de un dìa en nuestro hogar ?

Con el tiempo


Nuestra vida tiene sentido cuando tenemos la dicha de tener amigos y a alguien a quien amar o entregar nuestro corazón.

Gracias a la amistad, nuestros días pueden ser más alegres, felices y divertidos; asimismo el amor nos hace sentir como si estuviéramos flotando y cómo si todo nuestro mundo fuera perfecto.
Por esto en este mes donde lo dedicamos a la amistad y el amor tomemonos el tiempo para manifestarlo...ahora que hay tiempo. 

El Amor es ciego y la Locura le acompaña (Cuento)


Cuentan que una vez, se reunieron todos los sentimientos y cualidades del hombre.

Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura les propuso  jugar a las escondidas.

La intriga levantó la ceja y la curiosidad, sin poder mantenerse preguntó: ¿escondidas? el entusiasmo danzó, seguido de la euforia, la alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda y a la apatía, que nunca se interesaban por nada.

1,2,3.. comenzó a contar la locura, la primera en esconderse, fue la pereza, que como siempre cayó detrás de la primera piedra del camino, la fe subió al cielo y la envidia se escondió detrás de la sombra del triunfo, que por propio esfuerzo había conseguido llegar a la copa más alta del árbol.

La generosidad casi no logra esconderse, porque cada lugar que encontraba le parecía bueno, para alguno de sus amigos, si era un lago cristalino, ideal para la belleza, si era la copa del árbol perfecta para la timidez, si era una ráfaga de viento, magnífica para la libertad. Así es que terminó escondiéndose en un rayo de sol; el egoísmo buscò y encontrò un lugar bueno desde el principio, ventilado cómodo pero solo para el; la mentira se escondió detrás del arco iris y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes.

Cuando la locura terminaba de contar el amor todavía no había encontrado lugar para esconderse,  pues todos estaban ya ocupados, hasta que encontró un rosal y cariñosamente decidió esconderse entre sus flores, concluyó la locura y comenzó la búsqueda, la primera en aparecer fue la pereza apenas a tres pasos debajo  de una piedra.

Sintió vibrar a la pasión y al deseo en los volcanes, en un descuido encontró a la envidia y claro pudo deducir donde estaba el triunfo, al egoísmo no tuvo que buscarlo. el solo salió disparado de su escondite que era en verdad  un nido de avispas. De tanto caminar la locura sintió sed y al aproximarse a un lago descubrió a la belleza.

La duda fue más fácil de encontrar estaba sentada sobre un cerro sin decidir dónde esconderse y así iba encontrándolos a todos, al talento entre la hierba fresca, a la angustia en una cueva oscura, pero el amor no aparecía por ningún lugar, la locura lo busco detrás de cada árbol, debajo de cada roca del planeta y encima de las montañas.

Cuando estaba a punto de darse por vencida, encontró un rosal y comenzó a mover sus ramas con energia, entonces escuchó un grito doloroso, había herido al amor en los ojos con las espinas del rosal. La locura no sabía que hacer para disculparse, lloró, rezó, imploró, pidió perdón y prometió ser su guía para siempre, es por eso que desde entonces el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña.

Cuento Infantil (Pinocho)


Escrito por Carlo Collodi, seudónimo de Carlo Lorenzini (Florencia 1826-1890), y publicado en un periódico italiano entre 1882 y 1883.

Las aventuras de Pinocho cuentan la vida de una marioneta de madera que sueña con convertirse en un niño de carne y hueso. Su constructor, con quien mantiene una relación de padre e hijo, es Geppeto, un tallador de madera que vive en un pueblo de la Toscana en Italia.


Sherezade ( Gerenarda) y el Sultan (Las Mil y una Noches)

En uno de los cuatro mayores imperios que han existido en lo antiguo, reinó un monarca poderoso de la dinastía de los Sasanidas, que después de haber extendido sus dominios más allá del Ganges, en la India, y llegado hasta las fronteras de la China, murió, según refieren las crónicas del antiguo imperio persa, que es el grande imperio a que nos referimos, lleno de gloria y poderío, amado de sus vasallos y temido de sus enemigos, habiendo sido el monarca más admirable de su época, tanto por su valor como por su sabiduría.
De los hijos que tenía, el mayor, llamado Chabriar, subió al trono; pero, amando entrañablemente a su hermano menor, quiso darle muestras de su cariño compartiendo con él la herencia de su padre, y le cedió la Gran Tartaria; haciéndolo rey de ella.
Chazeman, que así se llamaba este hermano querido, pasó pues a tomar posesión de su reino y estableció su corte en Samarcanda.
Pasados algunos años, lejos de entibiarse en Chabriar el cariño que profesaba a su hermano Chazenan, se avivó co la ausencia, y sintió grandes deseos de verlo, y con este objeto le envió una solemne embajada rogándole que viniese.
Apenas tuvo conocimiento el rey de la Gran Tartaria de los deseos de su hermano, cuandose apresuró a satisfacerlos; y, después de haber reunido los ricos presentes que pensaba ofrecerle y puesto orden para el gobierno del reino durante su ausencia, estableció fuera de la ciudad su campamento con el fin de emprender su viaje al día siguiente. No quiso, sin embargo, pasar aquella última noche sin volvera abrazar a su esposa, a la que amaba tiernamente, y, regocijándose interiormente del placer que iba a causar a aquella con su visita inesperada, se volvió a su palacio secretamente y se encaminó a los aposentos de su esposa, a quien pensaba encontrar triste y llorando por su ausencia. Grande fué, pues, su sorpresa al hallarla en compañía de un oficial de la corte platicando familiarmente con él.
Pasado el primer estupor que le causó este descubrimiento, arrebatado por la ira, se arrojó sobre los delincuentes y les quitó la vida, volviéndose en seguida al campamento sin dar a nadie cuenta de este suceso.
La infidelidad de su esposa le causó un pesar tan hondo, que nada podía distraerlo de su melancolía. Así fue que cuando llegó a la corte de su hermano, en donde fue recibido con gran pompa y con todo género de honores y de obsequios, el sultán no pudo menos que notar el velo de tristeza que cubría el rostro de Chazenan, sin poder atinar la causa de ello.
Un día que el sultán Chabriar había partido con toda su corte para una cacería dispuesta en honor de su hermano, a la que éste no quiso asistir pretextando hallarse enfermo, pero en realidad para entregarse más a su sabor a las tristes reflexiones que su desgracia le sugería, hallándose asomado a una de las ventanas del palacio que habitaba, vió salir al jardín, por una puerta secreta, a la sultana esposa de su hermano, seguida de otras muchas mujeres, y ocultándose para observar lo que hacían sin que de ellas fuese visto, pudo convercerse de que la misma desgracia de que él había sido víctima, la misma o mayor cabía a su hermano el sultán.
La vista de las escenas que presenció, de tal manera cambiaron sus pensamientos, que al volver el sultán Chabriar de la cacería, lo encontró transformado, alegre y risueño.
Un cambio tan repentino de talante, sin una causa ostensible, debía llamar naturalmente la atención del sultán, como antes la había llamado su melancolía; y deseoso de saber la causa que había producido la una y el otro, el sultán rogó cariñosamente a su hermano, y en vista de los repetidos ruegos e instancias de éste, se vió obligado a ceder, y, aunque con repugnancia, le contó lo que le había sucedido con su esposa en Samarcanda la noche de su salida.
Aprobó el sultán lo ejecutado por su hermano con los dos culpables.
-No extraño tu gran pesar -le dijo-: era llla causa muy legítima; pero alabado sea Dios que te ha enviado el consuelo, y como no dudo que éste sea también fundado, y aún extraordinario, te ruego que me lo comuniques, haciendo de mí una entera confianza.
Mucho más arduo y delicado era el satisfacer en este punto la curiosidad del sultán, y Chazenan se resistió a complacer a su hermano, diciéndole que, como le interesaba más de cerca, temía que su confidencia le causaría mayor pena que la que él había experimentado. Esta negativa no hizo más que avivar los deseos del sultán, de modo que el rey de la Gran Tartaria se vió obligado a ceder, y le refirió lo que había presenciado en el jardín mientras él estaba cazando, terminando su relación con algunas reflexiones propias para calmar la irritación que le causó la conducta de su esposa la sultana, y aconsejándole que se consolara como él se había consolado, en vista de esa ligereza y liviandad que parece ser inherente al sexo frágil.
Chabriar, sin embargo, no dió entero crédito a la narración de su hermano, sin ver por sus propios ojos si era verdad lo que el rey de Tartaria le había contado, pues abrigaba la esperanza de que tal vez se había engañado.
Para conseguir este objeto, hizo preparar otra nueva cacería para la que partieron ostensiblemente con toda la corte de los dos príncipes; pero llegada la noche se volvieron secretamente y disfrazados a palacio. Amaneció el día siguiente, y el sultán Chabriar pudo convencerse de que su hermano no se había engañado, puesto que la sultana y sus mujeres repitieron en el jardín las mismas escenas que el rey de la Gran Tartaria había observado.
El desengaño que recibió de la desenvoltura e infidelidad de la sultana, agriaron su ánimo de tal manera, que resolvió vengarse, no sólo de aquella, sino de todas las mujeres, de un modo nunca visto hasta entonces. Pasando al aposento de la sultana infiel, mandó cortarle la cabeza en su presencia, e hizo morir ahogadas a todas las otras mujeres de su séquito. En seguida juró por la barba del Profeta que ninguna de sus otras esposas volvería a serle infiel, y adoptó para ello un medio muy seguro y eficaz, muy propio de las costumbres del serrallo y de la barbarie de aquellos tiempos.
Resolvió desposarse cada día con una mujer distinta, y al siguiente día de la boda hacerle perder la vida, encargando a su gran visir la ejecución de éste proceder inhumano y sanguinario.
El gran visir, a fuer de buen musulmán y de vasallo sumiso y obediente, cumplía cada mañana con la orden sanguinaria de su despótico dueño, sin atreverse a hacer la menor observación, y las desgraciadas jóvenes que tenían el honor de ser sultanas un día, perdían su vida al siguiente.
Cuando se conoció este proceder bárbaro, la consternación fué general en la ciudad y en el imperio, porque ninguno podía contar segura la vida de las doncellas que hubiese en su familia, y temblaba de recibir a cada momento la orden del sultán para que se las llevasen.
El gran visir tenía dos hijas hermosísimas en extremo. La mayor, llamada Gerenarda (Scherazada), reunía a su belleza una instrucción nada común para aquellos tiempos; tenía una gran memoria, y, sobre todo, estaba dotada de un gran corazón noble y animada de los más generosos sentimientos.
Al ver la aflicción general que causaba el inhumano proceder del sultán, formó la resolución heróica de sacrificarse, y concibió el arriesgado proyecto de hacer cambiar el ánimo del sultán, contando para lograr su ogjeto no sólo con los recursos de su sin par hermosura y de su ingenio, sino excitando también la curiosidad de aquél, por medio de historias y de cuentos, a que sabía era muy aficionado.
Resuelta, pues, a poner en ejecución su proyecto, Gerenarda dijo un día al gran visir:
-Padre, tengo que pediros una gracia.
-Siempre que lo que me pidas sea justo -lee respondió el gran visir-, saber que no me negaré a concedértelo.
-Vos mismo juzgaréis. Quiero poner términnno a la aflicción general y a los temores de todas las doncellas, haciendo cambiar de ánimo al sultán.
-Laudable es tu proyecto, hija mía; pero, ¿Cómo intentas conseguirlo, porque yo creo que el mal no tiene remedio?
-¿Cómo? Siendo esposa del sultán.
Horrorizado se quedó el gran visir al oír a su hija, y empezó a hacerle reflexiones de todo género para disuadirla de semejante proyecto. Inútiles y vanos fueron sus esfuerzos; Gerenarda permaneció firme en su deseo.
-Si logro mi objeto -dijo-, habré hecho unnn gran servicio a la humanidad y a mi patria.
-No lo conseguirás, ¡infeliz! Te sucederá lo que al borrico.
-¿Y qué le sucedió? -preguntó la heróica jóven.
-Te contaré en breves palabras -le respondió el gran visir, que se expresó en estos términos,




EL ASNO, EL BUEY Y EL LABRADOR
Fábula
"Un labrador muy rico que, además de ser dueño heredades inmensas y de rebaños numerosos de ganado de toda especie, había recibido del cielo, como Salomón, el don de entender, el lenguaje de los animales, pero con la condición de no descubrírselo a nadie, so pena de perder la vida, pasando un día por delante de un establo en que se hallaban un borrico y un buey, se detuvo a escuchar el coloquio que entre sí tenían.
Lamentábase el buey de lo mucho que a él le hacían trabajar y de lo mal que lo cuidaban, "mientras que a tí, le decía al borrico, te tratan con cariño, y no te emplean más que para llevar a nuestro amo al mercado". -Tú tienes la culpa -le respondió su compañero; te llaman elTonto, y a fe mía que bien mereces ese nombre tú, y todos los de tu especie. ¿Por qué no haces uso de los medios que te ha dado la naturaleza para defenderte? Mira, cuando quieran uncirte al arado, pega cornadas, da bramidos fuerte, échate en el suelo y hazte el malo y verás cómo te tratan mejor y te dejan tranquilo.
El buey escuchó los consejos del asno y prometió seguirlos.
En efecto, cuando vino el gañán a buscarlo para llevarlo a trabajar, el buey empezó a patear, a pegar cornadas, y, por último, bramando, se arrojó por tierra. El gañán, al ver esto, fue a dar cuenta al amo de lo que sucedía, y el amo le mandó entonces que, en vez de llevar al buey, se llevase al borrico, encargándole que le hiciese trabajar y lo zurrase de firme.
Hízolo así el mozo de labor, y cuando por la noche volvió a traer a la cuadra al borrico, el pobre animal apenas podía tenerse en pie, cansado de trabajar, y quebrantados los huesos con los palos que había recibido. En cuanto llegó se echó en el suelo gimiendo y suspirando.
-Yo me tengo la culpa de lo que me sucede -se decía a sí mismo; ¿Qué necesidad tenía yo de mezclarme en lo que no me incumbía? Yo vivía tranquilo, era querido, bien tratado, y todo me sonreía, y ahora, por mi imprudencia, estoy expuesto a perder la vida...
Al llegar aquí en su narración, el gran visir, dirigiéndose a su hija:
-Merecerías -le dijo- que te trataran comooo al asno; quieres comprender la cura de un mal irremediable, llevar a cabo una empresa imposible, y te expones a perder la vida.
La generosa jóven, inquebrantable en su resolución, le contestó que estaba decidida a intentar la prueba, y que ningún peligro la arredraría.
-Está visto -le dijo su padre entonces- que será preciso hacer contigo lo que el rico labrador hizo con su mujer.
-¿Y qué hizo? -preguntó Gerenarda.
-Escucha, que no he acabado el cuento.



EL GALLO, EL PERRO Y LA MUJER DEL LABRADOR


Al ver el labrador el estado en que había vuelto el asno, quiso saber lo que iba a decir a su compañero, y se puso a escuchar a la puerta del establo, en compañía de su mujer, y oyó lo que el borrico le preguntaba al buey lo que pensaba hacer al día siguiente.
-Seguiré practicando tu consejo -le responnndió el buey.
-Harás muy bien -le dijo el asno con refinnnada malicia-, puesto que también te ha ido; sólo veo en ello un ligero inconveniente. Al entrar en la cuadra he oído decir al amo que ya que no puedes trabajar, que te lleven al matadero y aprovechen tu carne antes que enflaqiezcas.
-¡Cáspita! Eso no -replicó el buey-; en eeese caso, ya estoy bueno.
Y en seguida se puso de pie y dió un bramido de alegría.
Al oír el labrador al asno y al ver el maravilloso efecto que su astucia había producido, se echó a reír a carcajada tendida. La mujer quiso saber el motivo de esa risa; pero como el marido no podía revelar el secreto don que poseía sin perder la vida, se negó a decírselo. Ella entonces prorrumpió en amargo llanto, pateó, se arrancó los cabellos, y juró que, si no se lo decía, no volvería a juntarse más con él. Como la amaba con ternura, el labrador se apesadumbró profundamente al ver a su mujer en tal estado, y le rogó que no se empeñase en saber lo que no podía decirle, a cuyo ruego se unieron los de sus hijos y parientes. Nada, sim embargo, pudo vencer la terquedad de la mujer curiosa, que permaneció llorando en un rincón del patio noche y día. El labrador no sabía que partido tomar y se sentó cabizbajo y pensativo delante de la puerta de un corral en donde estaba solazándose un gallo con sus gallinas. El perro fiel que guardaba la casa, al ver la algarabía del gallo:
-¿Cómo te atreves a recrearte así -le dijooo-, cuando nuestro amo se encuentra tan afligido y sin saber qué hacer para salir del apuro en que se halla?
-¿Pues qué le ha sucedido? -le preguntó elll gallo.
-Que nuestra ama se ha encerrado en un cuaaarto, está llorando y se empeña en que su marido le descubra un secreto que no puede éste decirle sin perder la vida; más, como quiere tanto a su mujer, me temo que se deje ablandar por los lloros de su esposa, y ya ves entonces la desgracia que a todos nos sucedería.
-Pues mira, si no es más que eso -le conteeestó el gallo-, nuestro amo puede salir de su apuro fácilmente. Que coja una buena vara de acebo, que se encierre en su cuarto con su mujer, y que le mida bien con la vara las costillas.
Atento el afligido labrador al coloquio del perro y del gallo, no bien hubo oído a éste, se levantó, agarró un vergajo, y encerrándose con su mujer, de tal manera le cebó el coleto que, cansado de sus lloros, se puso al fin de rodillas, rogando a su marido que la perdonara por Dios, que ya no quería saber por qué se reía, ni se lo volvería a preguntar en toda su vida.
-Como a esta mujer terca e imprudente debeeería yo tratarte -dijo el visir a su hija.
-Padre, haced lo que queráis conmigo, porqqque yo estoy resuelta a ser esposa del sultán aunque me cueste la vida. Ni las historias que acabáis de contarme, ni otras aún más tristes, me harán cambiar en mi designio, y si el cariño que me profesáis os impide el llevarme al palacio del sultán, yo misma iré a ofrecerme.
En vista de la firme resolución de su hija, y forzado por ella, con el corazón lleno de amargura, el gran visir anubció al día siguiente al sultán que aquella misma noche le presentaría a su hija. Admirado se quedó éste al considerar el sacrificio que el visir le ofrecía; pero no cambió por eso de propósito, antes bien, le dijo:
-Ten entendido, visir, que al entregarte mañana a tu hija, será para que le quites la vida, y ¡ay de ti si no cumples mis órdenes, porque te juro que lo pagarás con tu cabeza!
-Señor -le contestó el gran visir-, aunque mi corazón se desgarre, vuestras órdenes serán cumplidas.
En seguida fue a anunciar a su hija que el sultán la aceptaba por esposa aquella noche, y Gerenarda se preparó para el gran sacrificio. Antes de salir del palacio, llamó a su hermana menor y le dijo:
-Querida Diznarda, es preciso que me prestttes tu auxilio para una grande empresa: no te asustes ni aflijas por lo que voy a decirte. Esta noche voy a ser la esposa del sultán. Cuando esté en su presencia, le pediré que te deje pasar la noche en el aposento inmediato, y espero que me lo concederá. Una hora antes de despuntar la aurora, entrarás en la cámara nupcial y me dirás:
-"Querida hermana, si estás despierta, te ruego que, mientras amanece, me cuentes alguna de esas historias tan bonitas que tu sabes".
"Entonces yo empezaré a referirte un cuento, y trataré de exitar la curiosidad del sultán; y espero que por este medio tan sencillo conseguiré librar al pueblo del azote cruel en que se ve afligido".
Al alzar el velo de su nueva esposa, el sultán vió que Gerenarda tenía el rostro cubierto de lágrimas.
-¿Por qué lloras? -le dijo.
-Señor -le respondió la joven-, tengo una hermana a quien amo con la mayor ternura, y desearía que pudiese pasar esta última noche junto a mí para conversar con ella. Os ruego que no me neguéis este consuelo.
El sultán consintió en lo que Gerenarda le pedía y su hermana Diznarda se instaló en la pieza contigua, separada del cuarto nupcial por una cortina.
Cuando Diznarda creyó que el alba se acercaba, dirigiéndose a su hermana le dijo:
-Querida Gerenarda, mientras que amanece, cuéntame alguna historia bonita.
Sin responder directamente a su hermana, la efímera esposa del sultán pidió permiso a éste para acceder a lo que su hermana le pedía, y obtenido, empezó diciendo:

-Señor: Un mercader que poseía grandes caudales, así en mercancías como en esclavos, joyas y dinero, tuvo necesidad de hacer un viaje para arreglar algunos asuntos de su comercio y como tenía que atravesar un gran desierto al volverse a su casa hizo una gran provisión de dátiles y galletas para su alimento.
"Agobiado por los ardores del sol y sediento, divisando unos árboles no lejos del camino, se fue a poner a su sombra para descansar y tomar alimento, y sacando del zurrón que llevaba los dátiles y la galleta, se puso a comerlos, arrojando los huesos a derecha e izquierda.
"Concluido este frugal refrigerio, y después de echarse un buen trago de agua cristalina del manantial que entre aquellos árboles corría, hechas las abluciones de costumbre como buen musulmán, se puso de rodillas para recitar sus rezos..
"Hallábase todavía en esta postura, cuando se le apareció un Genio de estatura colosal y de horrible aspecto, el cual, dirigiéndose hacia él con semblante amenazador, ya armado con un descomunal alfanje:
-Vas a morir ahora mismo –le dijo-, porque acabas de matar a mi hijo.
"Y agarrándolo por los cabellos y arrojándolo por tierra, alzó el alfanje para cortarle la cabeza. Asustado el mercader con la horrible aparición del monstruo, y temblando de miedo, exclamó:
-¡Señor! ¿Qué mal os he hecho para que me tratéis de esta manera? Yo no he podido matar a vuestro hijo, puesto que ni lo conozco, ni nunca lo he visto.
-¿No acabas de comer dátiles y de arrojar llos huesos?
-Esos es cierto.
-Pues mi hijo que pasaba cerca de ti en esoos momentos, ha recibido uno de los huesos que tirabas en un ojo, y de resultas del golpe ha muerto... Así, justo es que tú mueras...
-¡Misericordia, señor! –Exclamó el mercaderr-; si yo lo he muerto, ha sido involuntariamente y sin saberlo; pero, ya que me quitáis la vida, dejadme siquiera vivir el tiempo necesario para despedirme de mi mujer y de mis hijos, hacer testamento y arreglar mis asuntos. Si me lo concedéis, os juro por el Dios del cielo que volveré después a este sitio para que hagáis de mi lo que queráis.
-Si te concedo un plazo, ¿Cumplirás tu proomesa?
-Pongo a Dios por testigo de que la cumplirré.
-¿Y cuánto tiempo necesitas para arreglar ttus negocios?
-Un año por lo menos.
-Pues bien, te lo concedo –dijo el Genio, ddejando al mercader libre.
"Luego que el monstruo desapareció, el mercader volvió a continuar su camino y llegó a su casa atribulado y triste. Habiéndole preguntado su mujer la causa de su tristeza, refirió a su familia lo que le había sucedido, el juramento que había hecho y el corto tiempo que le quedaba de vida. Al oír tan lamentable historia, la mujer y los hijos prorrumpieron en lamentos, y en toda la casa no se oían más que llantos y gemidos, acompañados con ruegos para que no volviese a semejante sitio.
"El mercader sin embargo, empezó a poner orden en sus cosas, pagó sus deudas, dio libertad a sus esclavos, y llegado el término fatal, despidiéndose por última vez de sus familiares, de sus deudos y amigos, que no querían dejarlo marchar, volvió a ponerse en camino, después de haber hecho a todos regalos magníficos, y llegó al sitio convenido el mismo día en que se cumplía un año, y se sentó al pie del manantial, esperando con resignación la venida del Genio.

Al llegar aquí, Gerenarda suspendió su narración, al ver que despuntaba el día, hora en que el sultán Chabriar se levantaba para hacer sus oraciones y asistir al consejo.
-¡Oh, qué historia más interesante –exclamóó Diznarda.
-Pues todavía es más interesante lo que fallta –le contestó su hermana-: y si el sultán se digna concederme un día más de vida, esta noche acabaré de contártela. El sultán, que quería saber lo que el Genio había hecho con el mercader, no vio ningún inconveniente en aplazar por una noche más la muerte de su nueva esposa, y accedió a los que Gerenarda le pedía. Levantóse, pues; hizo sus oraciones y se fue al consejo, en donde el gran visir lo estaba esperando, más muerto que vivo, para recibir a su desgraciada hija y conducirla al suplicio.
Su sorpresa y su alegría no tuvieron límites, cuando vio que el sultán se puso a despachar los negocios del imperio, sin darle orden fatal consabida; y cuando se divulgó esta noticia en la corte y en la ciudad, fue profundo y general el regocijo que causó, e infinitas las bendiciones que a Gerenarda dirigían.
A la proximidad del alba de la mañana siguiente, Diznarda repitió a su hermana el ruego de la víspera, y Gerenarda, sin pedir esta vez permiso al sultán para proseguir el cuento, anudó el hilo de su historia en estos términos:

EL GENIO Y LOS TRES VIEJOS

Aguardando se hallaba el atribulado mercader, la llegada del genio, y el fin de su vida con ella, cuando vio venir a un anciano respetable, acompañado de una cierva, el cual, después de saludarlo, le preguntó qué era lo que venía a hacer en aquel sitio, al parecer delicioso, pero en realidad muy temible por ser frecuentado por los malos espíritus. El mercader le contó lo que le había sucedido, y el juramento solemne que había hecho.
-Suceso terrible es ése –le dijo el ancianoo-, y más terrible todavía el que no podáis eludir el cumplimiento del sagrado juramento que habéis hecho. Voy a quedarme aquí para presenciar vuestra entrevista con el Genio.
Mientras estaba hablando, se presentó otro viejo seguido por dos perros negros, al que le refirieron el motivo de hallarse el mercader en aquel sitio. El recién venido decidió quedarse también para ver lo que iba a suceder, y lo mismo hizo otro tercer anciano que llegó después.

En esto descubrióse a lo lejos una especie de nubarrón negro a manera de torbellino de arena levantado por el viento, que se fue disipando poco a poco según se iba aproximando, hasta que apareció, en fin, el terrible Genio, armado con su cuchilla.
Acercándose al pobre mercader y agarrándole por un brazo, le dijo:
-Ha llegado tu hora; te voy a matar como túú mataste a mi hijo.
Cuando el viejo que tría la cierva vio que el Genio iba a matar al mercader se arrojó a sus pies llorando y exclamó:
-¡Príncipe de los Genios! Os ruego que susppendáis vuestra justicia, y antes de descargar el golpe me escuchéis un momento. Os contaré mi historia, que es muy maravillosa, y la de esta cierva que llevo conmigo. ¿Si la encontráis más sorprendente que la de este desgraciado mercader, ¿Le perdonaréis el crimen que involuntariamente ha cometido, y le haréis la gracia de la vida?
El genio detuvo el brazo, y reflexionando un momento:
-Consiento en oír tu historia, y... despuéss veremos -le dijo.
Gerenarda suspendió su narración al ver que era de día, y dirigiéndose al sultán:
-Señor -le dijo-, ya es hora de os levantééis para ir al consejo: si lo tenéis a bien, mañana concluiré la historia del anciano y de la cierva.
El sultán, sin responder, se levantó y salió del aposento, pero no dio la orden consabida.

HISTORIA, DEL ANCIANO Y DE LA CIERVA

A la hora acostumbrada de la mañana siguiente, Dinarda rogó a su hermana que prosiguiese la historia comenzada, y Gerenarda hízolo así.
Dirigiéndose al Genio, el anciano le dijo:
-Esta cierva que veis aquí, señor, es primaa mía, y además es mi esposa. Cuando me casé con ella no tenía más de doce años, y, por la edad, yo podía ser su padre.
"Deseando tener hijos compré una esclava, que no tardó en darme uno; pero mi mujer dominada por los celos, concibió un odio mortal por la madre y por el niño. Este tenía ya diez años cuando me vi precisado a ausentarme, dejando bien recomendados a mi esposa, así mi hijo, como su madre. Durante mi ausencia, que fue larga, mi mujer, que se había dedicado a la magia, para vengarse de aquellos inocentes, transformó en vaca a la esclava, y a nuestro hijo en becerro, y se los entregó a un labrador, arrendatario mío.
"Cuando yo volví de mi viaje, mi mujer me dijo que el niño se había perdido, y que la esclava se había muerto de pena. Mucho me afligí con tal noticia, y durante ocho meses no dejé de hacer diligencias para buscar al niño. Cuado llegaron las fiestas del Bairán, le dije al labrador, que como digo era colono mío, que me enviase la vaca más gorda que tuviese, para sacrificarla, y el labrador me envió la misma que mi mujer le había entregado.
"En el momento de ir a darle muerte, empezó a mugir de un modo extraño y a mirarme de una manera tan particular, que no me sentí con ánimo de quitarle la vida. Mi mujer, que sabía bien que aquella vaca era la esclava que ella aborrecía, insistió para que se la matase, y yo, por complacerla, se la entregué al colono para que fuese él quien hiciese el sacrificio. Muerta por él la vaca, a pesar de las lágrimas que por sus ojos vertía, cosa, a la verdad, fenomenal y extraordinaria, se encontró que su gordura era aparente, y que no tenía más que el pellejo y los huesos. Entonces mandé al labrador que me trajese un becerro en vez de vaca, y el hombre me trajo a mi propio hijo. Al verme, el animal empezó a hacerme caricias, se arrojó a mis pies, me los lamía, y me miraba de tal modo, que yo me sentí muy conmovido, y en vez de matarle, mandé que lo llevasen al establo. Mi mujer se enfureció y quería que en el momento se hiciese con él lo que se había hecho con la vaca; pero yo resistí y para apaciguarla la ofrecí que el año próximo lo sacrificaría.
"Al día siguiente vino el labrador a verme y me dijo que tenía que confiarme un gran secreto.
"-Tengo una hija –me dijo- que posee la magia, y con su arte ha descubierto que la vaca sacrificada era vuestra esclava, y que el becerro es vuestro hijo, los cuales han sido metamorfoseados en estos animales, por arte de vuestra esposa, que es también hechicera, y los aborrecía.
"Ya podéis juzgar ¡Oh Genio! Cuál sería mi dolor y sorpresa al oír esto. Fui corriendo al establo en que estaba el becerro, y aunque el pobre animal no podía corresponder del mismo modo a mis caricias, recibió las mías de tal manera, que me convencí de que, en efecto, era mi hijo. En esto vino la hija del labrador y yo le pregunté, ansioso, si no podría devolver a mi hijo su forma primitiva, ofreciendo colmarla de riquezas. Ella me dijo que podría hacerlo bajo dos condiciones: la primera es que me daréis a vuestro hijo por esposo; la segunda, que me entregaréis a la que así le ha metamorfoseado, para que yo le castigue. Accedí sin restricción a la primera, y en cuanto a la segunda, ofrecí entregarle a mi mujer con tal de que no le quitase la vida.
Tomando entonces la joven un vaso lleno de agua, pronunció sobre él, en tono bajo, algunas palabras cabalísticas, y dirigiéndose al becerro, exclamó:
-Si tú has sido criado por el Supremo Haceddor en la forma que hoy tienes, permanece en ella; pero si eres hombre y estás en este estado por arte de hechicería, te mando que recobres tu forma primitiva por virtud y voluntad del Ser Omnipotente. Enseguida derramó el vaso de agua sobre el becerro, y en aquel mismo instante, despojándose éste de su piel, me encontré con mi hijo entre mis brazos. Acto continuo transformó a mí mujer en esta cierva que aquí veis, la cual, por no ser un animal repugnante, puede habitar en medio de la familia.
Mi hijo, que se ha quedado viudo, debe volver de un viaje, y yo he salido a esperarlo en compañía de mi mujer.
-¿No os parece maravillosa mi historia? –lee preguntó el anciano al Genio.
-Sí, por cierto –le respondió éste-, y, en gracia de ella, perdono al mercader una tercera parte de su pena.
-Pues escuchad la mía –le interrumpió el annciano de los perros negros- y veréis que no es menos sorprendente, y estoy cierto que me concederéis por ella otra tercera parte de perdón para el infeliz mercader.
-Te la concederé –le contestó el Genio siemmpre que tu historia sea más maravillosa que la de la cierva.

***

Gerenarda suspendió su narración, porque ya había amanecido; el sultán se marchó, y a la mañana siguiente, a ruego del sultán mismo, la continuó de esta manera:

HISTORIA DEL VIEJO Y DE LOS DOS PERROS NEGROS

-Habéis de saber Gran Príncipe de los Genios –comenzó diciendo el viejo- que nosotros somos tres hermanos: estos dos perros que aquí están, y yo el tercero. Al morir nuestro padre, nos dejó por herencia a cada uno mil zequíes, y los tres nos hicimos mercaderes.
Poco después de abrir mi hermano mayor su tienda, quiso traficar en país extranjero y emprendió un viaje, llevándose muchos géneros. Un año hacía que estaba ausente, cuando al abrir una mañana mi tienda, se presentó un pordiosero.
-Dios os socorra, hermano –le dije:
-Y a ti también –me contestó, añadiendo-: ¡¡Qué!! ¿Ya no me conoces?
Lo miré con atención y vi que era mi hermano el ausente. En seguida le hice entrar en mi casa, le di vestidos nuevos y le pregunté lo que le había sucedido.
-No te hablaré de mis desgracias –me contesstó-, porque son tantas y tan grandes las que me han sucedido, que nunca acabaría de contarlas, y tú no las creerías.
Yo no insistí, y como había prosperado en mi comercio, le di mil zequíes para que volviese a abrir su tienda, como así lo hizo.
A mi hermano segundo le entró también el deseo de ir a comerciar en el extranjero, cuyo proyecto puso en ejecución a pesar de nuestras súplicas para que no se fuera, y al cabo de un año volvió tan pobre y arruinado como el primero. Hice lo mismo con él y le di también otros mil zequíes, con lo cual pudo seguir su comercio.
Sin que les sirviese de escarmiento lo que les había sucedido, mis dos hermanos quisieron que los tres juntos fuésemos a traficar en los países extranjeros. Yo me negué al principio, pero al fin accedí a sus deseos. Compramos mercancías con nuestros dineros, porque ellos me confesaron que no tenían un zequí y, como yo era poseedor de seis mil zequíes, le di mil a cada uno, guardé otros mil para mí, y los tres mil restantes los escondí en paraje seguro para remediar cualquier accidente que pudiera sucedernos. Partimos cargados de mercancías y tuvimos tal suerte, que en el puerto a que arribamos las vendimos con un beneficio de mil por ciento. Enseguida compramos géneros de aquel país para venderlos en el nuestro y fletamos un barco por nuestra cuenta.
Estando un día a la orilla del mar, se acercó a mí una joven pobremente vestida, pero de una hermosura sin igual, y besándome la mano, me rogó que le permitiese embarcarse en nuestro buque. Yo, no sólo consentí en ello, sino que su hermosura y su porte me cautivaron de tal modo, que me casé con ella, y a los pocos días nos hicimos a la vela.
Las bellas prendas que descubrí en mi esposa aumentaron mi cariño por ella; pero mis hermanos, envidiosos de nuestra dicha, nos arrojaron al mar una noche, mientras estábamos durmiendo.
Felizmente, mi esposa era una hada, y no sólo se salvó, sino que me salvó también a mí de una muerte cierta.
-Ya ves –me dijo- que no te ha pagado mal eel beneficio, el disfraz que me puse fue para probar tu bondad, y estoy muy satisfecha. Ahora voy a sumergir el barco en que navegan tus hermanos para castigarlos por su ingratitud.
Yo le rogué que les perdonara la vida, y conseguí aplacarla, con mis ruegos. Me trasportó a mi casa, y desapareció en seguida.
Después de abrir las puertas de la tienda, fui a buscar el dinero al sitio en que lo había escondido, y al pasar por el patio me encontré en él estos dos perros negros, que vinieron muy sumisos a lamerme las manos. Pensando estaba de dónde habrían venido aquellos perros cuando se presentó mi esposa y me dijo que sus hermanas, que eran también hadas como ella, habían hecho naufragar el buque en que iban mis hermanos, y metamorfoseando a éstos en perros, en castigo de su ingratitud y su perfidia, añadiendo que durante diez años vivirían de esa manera.
Pasados algunos días conmigo, volvió a desaparecer, diciéndome antes el sitio en que la encontraría. Se han cumplido ya los diez años, y ahora voy a buscar a mi esposa al sitio indicado, llevando conmigo a mis hermanos los perros.
-¿No te parece, ¡Oh poderoso Genio! bien maaravillosa mi historia y digna de que me concedas otra tercera parte de perdón para este desgraciado mercader?
-Sí, por cierto –le contestó el Genio-, y tte concedo lo que solicitas.
-Pues yo espero que a mí me otorgarás la ottra tercera parte del perdón que dará a este mercader la vida –se acercó diciendo el anciano que llegó el postrero-. Cuando hayas oído mi historia, que es todavía más sorprendente.
-Te lo prometo –le contestó el Genio-, si llo que dices es cierto.

***
Gerenarda se interrumpió porque vio que era de día, y el sultán le dijo que oiría a la mañana siguiente la historia del tercer viejo.
Llegada la hora acostumbrada, Chabriar le dijo:
-Cuéntame pues la historia prometida.
-Señor –contestó Gerenarda-, yo no he podiddo saber nunca lo que el tercer anciano dijo al Genio, sólo sé que éste quedó muy complacido, que perdonó al mercader y que desapareció en seguida.
El mercader se volvió a su casa después de dar las más expresivas gracias a sus libertadores, y éstos prosiguieron su camino. En cambio de esta historia que ignoro, si lo permitís, señor, os contaré la del pescador, que es muy interesante.
El sultán accedió a ello, y Gerenarda contestó diciendo:         Continua....